Desde que era pequeño, siempre fui curioso. Todavía recuerdo la cantidad de preguntas que me surgían a cada paso que daba, y que nunca dudaba en preguntar indiscriminadamente a todo aquel que tuviera a mi lado, bien fuera mi padre, mi profesor o algún familiar. Por aquel entonces mi concepto del conocimiento tenía una componente discreta, los mayores sabían todo y los pequeños solo sabíamos lo que nos habían enseñado los mayores. Para mi, era como si, llegado a un grado de madurez en la vida, las personas dejaran de aprender y comenzaran a enseñar. En aquel entonces, la opinión de alguien de mi edad no tenía la misma validez, que lo que pudiera decir cualquier persona de edad adulta.
Con el tiempo fui aprendiendo más, no solo aquello que me ensañaban en clase, que por el hecho de ser obligatorio siempre catalogué como algo importante, sino de una cantidad de curiosidades que aparecían en el día a día, y que yo pensaba que no eran tan importantes porque no las enseñaban en la escuela. La evolución en esos años, hizo que mis fuentes de conocimiento fueran adoptando cada vez, una identidad más sólida. De esta forma segmentaba perfectamente el conocimiento, yo sabía más que aquellos más jóvenes a los cuales a veces enseñaba, y sabía menos que aquellos mayores que me enseñaban. No obstante cierta rebeldía, me hacía pensar que algunas cosas de las que intentaban enseñarme los mayores no parecían ser del todo cierto.
Así que seguí avanzando en el camino de la vida, múltiples actividades deportivas, de ocio y tiempo libre, las relaciones sociales, la universidad, el trabajo y mi curiosidad incesante siguieron aportando granitos y granitos de arena a ese pozo sin fondo llamado conocimiento. A día de hoy, no creo que el conocimiento sea una área discreta y finita, más bien continua e infinita. A día de hoy, no creo que alguien tenga que saber más que yo por el hecho de que sea más mayor, demuestre mayor madurez o tenga mejor currículum. A día de hoy, disfruto aprendiendo de todas las personas que me rodean, independientemente de su edad o nivel de estudios, podemos encontrar grandes dosis de sabiduría, procedentes de las personas que menos lo esperamos.
La sabiduría está ahí, siempre lo estuvo y siempre estará. De nosotros depende escuchar, observar y reflexionar para encontrarla en alguna de sus manifestaciones.
Curro Chust